Agosto 25 de 1987

Por: Efraín Alzate s

Por esos muertos, nuestros muertos, ni un minuto de silencio. Toda una vida de lucha y de combate.

“El fascismo por más que quisiéramos, no ha desaparecido de la faz de la tierra”. Héctor Abad Gómez, “Manual de Tolerancia".

En su memoria y en la de todos: Luis Felipe Vélez, Héctor Abad Gómez y Leonardo Betancur fueron asesinados en Medellín el 25 de agosto de 1987. Un mismo día, un mismo año y muchos humanistas en el piso, acallados por la intolerancia.

Acuérdate de olvidar - Héctor Abad Faciolince / Durante muchos años no hice otra cosa que tratar de olvidar ese día, ese 25 de agosto de 1987, al atardecer. Al menos durante 15 años no hablé nunca de ese día, nunca. Supongo que también la esposa y los niños de Pedro Luis Valencia, su hija música, Natalia, habrán querido olvidar ese día de agosto del mismo año, una semana antes de mi papá, hace un cuarto de siglo, en que el despreciable matón Carlos Castaño entró violentamente a su casa y frente a ellos disparó una y otra vez contra su padre. Supongo que Cecilia Alzate, la esposa de Leonardo Betancur, el discípulo amado de mi papá, habrá querido olvidar a su esposo desangrado con un tiro en el corazón, un tiro disparado por los mismos sicarios que mataron a mi padre. Supongo que también las hermanas del teólogo y antropólogo Luis Fernando Vélez habrán querido olvidar que el cuerpo de su hermano fue encontrado al borde de una carretera, cerca de Medellín, asesinado. Yo recuerdo a Luis Fernando Vélez en el acto heroico de tomar el puesto de mi padre, en octubre o noviembre de 1987, durante un acto en la Alpujarra. En diciembre ya lo habían matado.

Una de las funciones del recuerdo, se nos dice, es evitar que la historia se repita. Si conocemos el pasado, se nos dice, podemos escarmentar y hacer que el futuro sea distinto. Pero no; en este caso no sirvió de nada recordar, protestar, conmemorar. Luis Fernando Vélez sabía perfectamente lo que le había pasado a mi padre, y a pesar de eso, tomó la estafeta. Y lo mataron. Después de él, sabiendo muy bien lo que les había ocurrido a Héctor Abad Gómez y a Luis Fernando Vélez, Jesús María Valle se hizo cargo del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos. Conocer la historia no le sirvió para que no se repitiera. Diez años después, en 1998, tres sicarios pagados por Carlos Castaño, dos hombres y una mujer, entraron a su oficina de abogado, lo obligaron a tirarse al piso y acabaron con su vida.  A fines de 1987, Héctor Abad Gómez, denunció que la vida de un hombre no vale más que ocho dólares. Cuando su artículo se publicó, en un diario de Medellín, ya él había sido asesinado. Héctor Abad Gómez era el presidente de la comisión de Derechos Humanos. En Colombia es raro morir de enfermedad.

- ¿Cómo quiere el cadáver, su merced? El matador recibe la mitad a cuenta. Carga la pistola y se persigna. Pide a Dios que lo ayude en su trabajo. Después, si no le falla la puntería, cobra la otra mitad. Y en la iglesia, de rodillas agradece el favor divino- La familia Abad Faciolince, desconsolada frente al cadáver del esposo y padre. Clara Abad, acompañada de su esposo, Alfonso Arias, intenta consolar a Cecilia, su madre. Héctor Abad Faciolince, de gafas redondas, mira al vacío.

 HÉCTOR ABAD GÓMEZ: UN HOMBRE QUE BUSCA. Agosto 26 de 1987: miércoles en la mañana. Suena la campana del recreo y subo a la biblioteca del colegio para buscar los resultados de los ingresos a la universidad en la prensa del día.

“¡Que cese la barbarie!” es el titular de EL COLOMBIANO. Tres rostros en primera página: Héctor Abad Gómez, Luis Felipe Vélez, Leonardo Betancur Taborda. Asesinados. “No es matando guerrilleros, o policías, o soldados, como parecen creer algunos, como vamos a salvar a Colombia. Es matando el hambre, la pobreza, la ignorancia, el fanatismo político o ideológico, como puede mejorarse un país”.

“NUNCA LOS OLVIDAREMOS”