{image}http://eldia.com.co/images/stories/080113/002.jpg{/image}El 5 de noviembre de 2008 fue asesinado el sindicalista Jairo Giraldo Rey; en su momento, el entonces Presidente Álvaro Uribe manifestó que el homicidio era responsabilidad de la “extrema izquierda”; hoy la justicia le calla la boca y comprueba que se trató de manos criminales a las que le había jugado sucio.

Para esa fecha, Giraldo se desempeñaba desde hacía seis años como Jefe de Seguridad de las empresas del Grupo Grajales. Un sindicalista reconocido como de los pocos defensores del TLC, e incluso viajó a Estados Unidos para demostrar que no todo el sindicalismo rechazaba el Tratado y apoyaba la negociación del ya firmado TLC.  La primera versión decía que un lunes, cuando se desplazaba por la vía entre los corregimientos Holguín y Miravalle, en el norte del Valle, sicarios le propinaron varios impactos de bala. Su familia negó las amenazas contra él.

El vicepresidente de la República de esa época, Francisco Santos Calderón, conocido por sus deslices verbales, afirmó que el crimen se debía a la posición de Giraldo Rey a favor del TLC. Álvaro Uribe, por su parte, se apresuró a señalar, por esos días, que el homicidio “muestra que el sindicalismo comprometido con la democracia tiene grandes amenazas, sobre todo de la extrema izquierda”; insinuando que en Colombia existían dos tipos de sindicalismo y el contrario al TLC no estaba con la democracia.

Hoy, Emma Juliana Urdinola Henao, hija del capo del narcotráfico Iván Urdinola, está pagando una condena de 37 años y 9 meses por la autoría intelectual de la muerte de Giraldo Rey. Ella admitió que lo citó a una reunión,en la cual fue asesinado. Actualmente, se encuentra en la cárcel por ser la autora intelectual del homicidio. Ella misma había dado la orden de su ejecución.

Sin embargo, lo más contundente es que durante el proceso contra ella, la justicia conoció que Giraldo Reyes, desde su empleo en la empresa Grajales (propiedad de los Urdinola), evadía a las autoridades para tomar parte de las ganancias de las empresas y dirigirla al sostenimiento de la familia Urdinola; como esos pagos nunca llegaron a su destino, se ordenó su muerte.

En sus declaraciones Uribe y Santos decían entre líneas que el sindicalismo que se oponía al TLC estaba detrás del homicidio de Giraldo Rey, la justicia logró comprobar no sólo los verdaderos responsables del crimen sino que puso en entredicho el supuesto sindicalismo de alguien que en realidad trabajaba para los Urdinola. Hoy en día, las autoridades tienen motivos suficientes para actuar por los delitos injuria y calumnia contra estos dos personajes, cuyas falsas acusaciones y comentarios impertinentes han puesto en duda la integridad de muchos colombianos y colombianas, quienes en realidad son defensores de los derechos humanos y laborales, que ellos pisotean.